29 de noviembre de 2010

Gregüescos

El siguiente soneto de Quevedo es uno de los más divertidos que he leído. Y acompaña ese agudísimo sentido del humor con sentencias como la presentada en los tercetos, todo un alegato republicano en pleno siglo XVII. Tal vez ese humorismo negruzco, decir verdades como templos al tiempo que se cachondeaba de su sombra, fue seguramente la razón por la que pasó tanto tiempo encarcelado. Lo demás son hipótesis y conspiraciones no demostradas. 


Don Francisco dice que


La voz del ojo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos), detenida,
da muerte a la salud más presumida
y el proprio preste Juan le tiene miedo. 


Mas pronunciada con el labio acedo
y con pujo sonoro despedida, 
con pullas y con risa da la vida, 
y con puf y con asco, siendo quedo. 


Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos, 
de dar la vida, y dispensar las Parcas, 


pues en el tribunal de sus gregüescos, 
con aflojar y comprimir las arcas, 
cualquier culo lo hace con dos cuescos. 


Además de ser genial, en estos tercetos se vislumbran ya claramente las ideas que llevaron mucho después a la Revolución Francesa. Se caga en la estirpe (blasón) de los monarcas, y dice que son tan chulitos porque tienen a sus soldados y pretorianos. Ay, don Francisco, ¿cómo no lo iban a meter en una celda? 


Esta sátira me inspiró no hace mucho este otro soneto en el que le doy gracias por su maestría para conmigo, al tiempo que le pido permiso para hacerme fan y, ojalá algún día, poeta con todas las letras. Quevedo es un ejemplo para cualquier escritor y demuestra que estamos ahí para no tener miedo cuando se habla y se escribe. La realidad solo tiene un camino. El que quiera entender, que entienda. 



Quevedo me enseñó a escribir sonetos
—¡de sebos mis soberbias son hambrientas!—:
su luz me encaminó cuando iba a tientas
perpetrando cuartetos y tercetos.

Lo digo en la humildad de mis respetos
a la rima ritmada de tormentas
de aquel que, sin firmar un superventas,
vendió a mi parco ingenio sus secretos.

No llego ni al reflejo de su espejo,
mas digo que le amo y más le amo
por legar tanto amor y amor burlescos

al tipo este que soy, mejor tipejo,
que pide, Señoría, su marchamo
y venia al tribunal de sus gregüescos. 

*La viñeta que ilustra este post pertenece al Blog Vegas
Hay un enlace a su home en Otros Blogs, en la columna de la derecha. 


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