27 de noviembre de 2010

Me quedan cinco dagas

Cuando comencé a recopilar sonetos y seleccionarlos para Contad…, descarté una serie de poemas que, aunque estaban en la línea que quería seguir, formaban parte de un grupúsculo aparte, tenían cierto hilo conductor en su origen. Los dejé de lado por el momento, y ahora me he abalanzado como un buitre a ver qué podía sacar al descongelar el cadáver. Y me he encontrado con que el grupúsculo no tenía ningún sentido, y sí tal vez valían la pena algunos de los sonetos que lo conformaban.


No es que no me hubiesen servido desde el principio, simplemente los aparté a un lado porque pensaba que con otros tendría bastante para alcanzar los cien que necesitaba para Contad… Son sonetos absolutamente independientes (sólo agrupados por un origen difuso) y no fueron los únicos apartados (mi próximo libro, 100 sonetos de amor). Sí van a ser estos no obstante los primeros a los que voy a meter mano en esta especie de apuro, que tampoco lo es tanto. 


De momento, tengo claro que uno de estos sonetos sustituirá al que ocupaba la posición XXIX, Encéfalo de boj, que decía que

La rótula tenaz del testarudo
compromete los pasos de sus piernas
a cruzar el umbral de las poternas
que no abriría un tipo más sesudo.

La imprudente muñeca del tozudo
se empeña en ayuntar ciertas mancuernas
con manos que la duda vuelve tiernas
al no saber soltar después el nudo.

Es el nervio procaz del obstinado
un dédalo de fatuas obsesiones
del que no usa salir muy bien parado.

El hombre del encéfalo de boj
hará por detener las estaciones
arrancando las pilas al reloj. 

Descarto este soneto por sus rimas ripiosas (poternas, mancuernas, dios santo…). Seguramente no me costaría hacer tábula rasa y reescribir los cuartetos, pero de momento voy a descartarlo completamente. Los tercetos creo que son aceptables. Una pena. 

El poema que ocupará el lugar de este descarte se llama Madre, y forma parte del grupúsculo que os comentaba. Es un canto a la tierra, sumido en la esperanza de que los hombres seamos capaces de volver a estadios de civilización de los que nunca debimos salir, o al menos que aprendamos a proyectar dichos estadios con sostenibilidad. Es perfecto para la segunda parte de Contad… en la que hago referencia a temas que atañen a todos los hombres, a situaciones vitales, a tipologías humanas, filosofía, etc. y no tanto a mí mismo. 

Evidentemente, no voy a publicar Madre aquí. Tendréis que descargaros gratis Contad si son catorce cuando esté en Bubok y leerlo allí. Espero que sea para antes de navidad. 


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