26 de noviembre de 2010

Mi libro está detrás de la alambrada

Esta es otra de las siete espinitas que tiene la alambrada que no me deja llegar hasta el buen puerto al que deseo llevar mi libro Contad… Se llama Al reloj y su elemento, ocupaba el puesto XXI en la centena y dice que

Quise siempre saber, como las brujas,
del bebedizo y del medicamento,
por poder abarcar de un solo tiento
el ayer y el mañana en sus burbujas.

Quise siempre sacarme de las pujas
en mi lucha feroz con barlovento
por vencer al reloj y su elemento
virando el devenir de las agujas.

Quise escuchar sin cabo a las sirenas
y perderme en los lindes de la feria
y cerrar tantos bares y verbenas,

que no vi corrupción en mi miseria,
ni vida desertando de mis venas,
ni muerte haciendo suya mi materia.


No creo que sea un mal soneto (si es que tengo alguno bueno), si bien hay un instante en los tercetos en que están a punto de chirriar como tiza por pizarra.


A pesar de ello, lo descarto de Contad si son catorce por todo lo anterior, sino porque me parece que no está en el tono de sus compañeros. Es tal vez demasiado moralista, tal vez demasiado pueril, tal vez demasiado pusilánime a pesar de sus ínfulas. 

Bueno, ¿y quién no es todo eso a veces?

¿Merecerá el indulto a última hora?


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