28 de noviembre de 2010

Sólo me queda una astilla

El soneto Veintiún gramitos de alma ha sido una de las espadas que más me ha costado sacarme. Estaba en tono y tema con el resto de sus compañeros, y solo un par de versos quedaban fuera de plano. Sin embargo modificarlos ha sido arduo. Creo no obstante haber llegado a una solución, que no será la mejor, pero es la mejor que he encontrado. 


Como información adicional, el soneto está dedicado a Crick, el señor que junto a Watson (que aún vive) descubrió y explicó la estructura del ADN. Ambos fueron los primeros que vieron la doble hélice. 


Me gusta pensar que al mismo tiempo que descubrieron la escalera en espiral, comprendieron que habían dado sólo un pequeño pasito en la búsqueda del hombre de sí mismo, de sus orígenes… Me gusta pensar que mentes tan preclaras comprendieron que otorgaban una nueva herramientas de resistencia al ser humano, pero que como el resto de herramientas, no era mucho más que una escopeta de feria.


Este es el antes:


Somos sólo unos kilos de materia
regidos por veintiún gramitos de alma
que suelen vigilar desde la calma
a dios con su escopeta de la feria.

Un alma que, transida por la histeria
de pensarse abolida cuando palma
el cuerpo que anteayer hizo de enjalma,
persiste en rebozarse en la miseria.

El cuerpo es el cadáver de un reloj
en que el ánima es péndulo prendido
por hilos de incerteza y de recelo

a cerebros que a veces son de boj,
pensando que con golpes de sentido
se caza una razón por cada anhelo.


Y este es el después:


Somos sólo unos kilos de materia
regidos por veintiún gramitos de alma
acorralando a un dios que no nos calma
y disparando escopetas de feria.

Un alma que, transida por la histeria
de pensarse abolida cuando palma
el cuerpo que anteayer hizo de enjalma,
se deja rebozar en la miseria.

El cuerpo es el cadáver de un reloj
en que el ánima es péndulo prendido
por hilos de incerteza y de recelo

a cerebros que a veces son de boj,
que piensan que con golpes de sentido 
se caza una razón por cada anhelo. 


Como veis el apaño se centra en el primer cuarteto. También he modificado algo el octavo verso. Creo que me convence lo suficiente para que 21 gramitos se quede en Contad… ¿Alguien quiere decir algo?



2 comentarios:

Anabel Parras dijo...

Para un personita que no sabe escribir un soneto, pues los dos me gustaban bastante,
Pero un día algún día que la vagancia no me puede me pondré a escribir el soneto un día

Raúl Campos dijo...

La segunda versión tiene algo más de seriedad que la primera. Aunque no es el mejor soneto del mundo, a mí me vale para mi libro.

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