30 de noviembre de 2010

Dribbling

Ayer hice un dribbling al Barça-Madrid.


En mi vida me había importado tan poco un partido de fútbol.


Tampoco sé como funciona el mando de la Play.


¿Alguien de vosotros se ve reflejado en estos versos?


Con ustedes, amigos, el mejor
ariete de la historia.
                                 De primera,
sus sublimes roturas de cadera.
Su juego, de salón.
                                 Y no hay dolor

si el sofá le sustenta el pundonor.
Deja el mando y, burlando la barrera,
mete un gol a su tripa cervecera.
Palomitas, subid al marcador.

Su mujer no hace más que poner pegas.
Un 5-0 es una humillación.
Fair Playstation.
                              Llegan tres colegas

y el utillero.
                     Juego sin balón.
El fútbol, para grandes estrategas.
Su mujer, encarando a castración. 

PD: Suerte, futboleros.
PDPD: Ninguno de estos sonetos está en Contad si son catorce.  



29 de noviembre de 2010

Gregüescos

El siguiente soneto de Quevedo es uno de los más divertidos que he leído. Y acompaña ese agudísimo sentido del humor con sentencias como la presentada en los tercetos, todo un alegato republicano en pleno siglo XVII. Tal vez ese humorismo negruzco, decir verdades como templos al tiempo que se cachondeaba de su sombra, fue seguramente la razón por la que pasó tanto tiempo encarcelado. Lo demás son hipótesis y conspiraciones no demostradas. 


Don Francisco dice que


La voz del ojo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos), detenida,
da muerte a la salud más presumida
y el proprio preste Juan le tiene miedo. 


Mas pronunciada con el labio acedo
y con pujo sonoro despedida, 
con pullas y con risa da la vida, 
y con puf y con asco, siendo quedo. 


Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos, 
de dar la vida, y dispensar las Parcas, 


pues en el tribunal de sus gregüescos, 
con aflojar y comprimir las arcas, 
cualquier culo lo hace con dos cuescos. 


Además de ser genial, en estos tercetos se vislumbran ya claramente las ideas que llevaron mucho después a la Revolución Francesa. Se caga en la estirpe (blasón) de los monarcas, y dice que son tan chulitos porque tienen a sus soldados y pretorianos. Ay, don Francisco, ¿cómo no lo iban a meter en una celda? 


Esta sátira me inspiró no hace mucho este otro soneto en el que le doy gracias por su maestría para conmigo, al tiempo que le pido permiso para hacerme fan y, ojalá algún día, poeta con todas las letras. Quevedo es un ejemplo para cualquier escritor y demuestra que estamos ahí para no tener miedo cuando se habla y se escribe. La realidad solo tiene un camino. El que quiera entender, que entienda. 



Quevedo me enseñó a escribir sonetos
—¡de sebos mis soberbias son hambrientas!—:
su luz me encaminó cuando iba a tientas
perpetrando cuartetos y tercetos.

Lo digo en la humildad de mis respetos
a la rima ritmada de tormentas
de aquel que, sin firmar un superventas,
vendió a mi parco ingenio sus secretos.

No llego ni al reflejo de su espejo,
mas digo que le amo y más le amo
por legar tanto amor y amor burlescos

al tipo este que soy, mejor tipejo,
que pide, Señoría, su marchamo
y venia al tribunal de sus gregüescos. 

*La viñeta que ilustra este post pertenece al Blog Vegas
Hay un enlace a su home en Otros Blogs, en la columna de la derecha. 


28 de noviembre de 2010

Ya estoy al otro lado de la alambrada

Después de ordenar de nuevo 25 sonetos que se me habían descolocado (2ª parte), volver a leer todo el libro de nuevo, los 100 poemas,  y retocar dos o tres cositas más sin importancia, puedo decir que la prueba 6 está lista y se parece mucho a lo que será el libro definitivo.

Estoy contento, claro que lo estoy, aunque como ya comenté por algún sitio, podría estar retocando cosas toda la vida.

A los interesados en leerlo en exclusiva antes de la publicación definitiva en bubok, que alguno habrá, he decidido que al que me lo pida en los próximos días, le enviaré un pdf con el libro. Sólo pido a cambio que me deis vuestra sincera opinión y cuanto antes, porque pretendo publicarlo en cuanto consiga lo del dichoso ISBN y cumpla con el Depósito Legal. En la columna de la derecha está mi correo.

Gracias a todos los que habéis seguido este Gran Hermano de la poesía en tiempo real. A los que vengáis más tarde a leerlo, deciros que fue un fin de semana fatigoso, pero que el resultado valió la pena.

La última espada

Debería dar un grito de alegría, descargar toda la intensidad que el trabajo sobre Contad… me ha ido acumulando en el encéfalo este que a veces en vez de pino, parece ser de boj. Pero no lo haré, no lanzaré las campanas al vuelo. Todavía me queda bastante curro de organización y reordenación, de la segunda parte, sobre todo, para dar por válida la prueba 6 y echarla a correr.

Sobre Arcanos de Acuario ya comenté algo en la entrada Sonetos como espadas. Finalmente he decidido sustituirlo por el poema Vieja Illice, un soneto que escribí hace un par de meses y que le viene más o menos bien al hueco que los Arcanos dejan vacante. Me gustaría publicar aquí el soneto, pero esperaré a ver si termino de colocar cada cosa en su sitio y ya os comento mi plan.

Sólo me queda una astilla

El soneto Veintiún gramitos de alma ha sido una de las espadas que más me ha costado sacarme. Estaba en tono y tema con el resto de sus compañeros, y solo un par de versos quedaban fuera de plano. Sin embargo modificarlos ha sido arduo. Creo no obstante haber llegado a una solución, que no será la mejor, pero es la mejor que he encontrado. 


Como información adicional, el soneto está dedicado a Crick, el señor que junto a Watson (que aún vive) descubrió y explicó la estructura del ADN. Ambos fueron los primeros que vieron la doble hélice. 


Me gusta pensar que al mismo tiempo que descubrieron la escalera en espiral, comprendieron que habían dado sólo un pequeño pasito en la búsqueda del hombre de sí mismo, de sus orígenes… Me gusta pensar que mentes tan preclaras comprendieron que otorgaban una nueva herramientas de resistencia al ser humano, pero que como el resto de herramientas, no era mucho más que una escopeta de feria.


Este es el antes:


Somos sólo unos kilos de materia
regidos por veintiún gramitos de alma
que suelen vigilar desde la calma
a dios con su escopeta de la feria.

Un alma que, transida por la histeria
de pensarse abolida cuando palma
el cuerpo que anteayer hizo de enjalma,
persiste en rebozarse en la miseria.

El cuerpo es el cadáver de un reloj
en que el ánima es péndulo prendido
por hilos de incerteza y de recelo

a cerebros que a veces son de boj,
pensando que con golpes de sentido
se caza una razón por cada anhelo.


Y este es el después:


Somos sólo unos kilos de materia
regidos por veintiún gramitos de alma
acorralando a un dios que no nos calma
y disparando escopetas de feria.

Un alma que, transida por la histeria
de pensarse abolida cuando palma
el cuerpo que anteayer hizo de enjalma,
se deja rebozar en la miseria.

El cuerpo es el cadáver de un reloj
en que el ánima es péndulo prendido
por hilos de incerteza y de recelo

a cerebros que a veces son de boj,
que piensan que con golpes de sentido 
se caza una razón por cada anhelo. 


Como veis el apaño se centra en el primer cuarteto. También he modificado algo el octavo verso. Creo que me convence lo suficiente para que 21 gramitos se quede en Contad… ¿Alguien quiere decir algo?



Aún dos chinchetas

El soneto XLIII, La paz entre las iras, ha sido sustituido por otro del grupúsculo inicialmente apartado, llamado Decir sí, al que también pertenecía Madre. He cambiado un par de cositas en el nuevo poema, las cuales todavía lo han acercado más a sus hermanos en calidad y afinidad al sentido global de esta parte de la obra. Espero que todo esto me lleve a Ítaca, a pesar de tener que dar vueltas por medio Mediterráneo y parte del Atlántico. Si algo falla que no sea porque no le he dedicado tiempo y esfuerzo a esta odisea. 


Decir sí es un soneto que habla de la aceptación de la vida que hemos vivido, cuando por fin nos toca rendir cuentas con la muerte. Para que en ese instante fatal estemos orgullosos de la vida que hemos llevado, es ahora cuando debemos actuar y hacer de nuestra vida, la única que vamos a tener, un cúmulo de vivencias que nos empujen a afirmar en el trance de la muerte que volveríamos a vivir nuestra vida tal y como la hemos vivido. Al final es un sí o un no. Si volvieras a nacer, ¿vivirías tu vida más o menos como las has vivido o intentarías que fuera completamente distinta?


En cuanto al soneto que hemos perdido para la causa de Contad si son catorce, esa paz entre esas iras, es el que dice (decía) que


Huyendo de un pasado cavernario


de silencios, de guerras, de fusiles,
vinieron a rodar nuestros abriles
en el fondo del zulo mercenario.

Ejerciendo sus artes de sicario,
han pactado con tres correveidiles
dejar de asesinar más alguaciles
sin cambiar su perverso abecedario.

Las víctimas de ayer hoy son verdugos
soñando con poner un par de yugos
sobre el cuello cansado de los mansos.

No vamos a dejar que sus mentiras
desguacen esta paz entre las iras
que enturbian la merced de los remansos. 


Tema político evidente. Tal vez esa sea la razón principal por la que este soneto no encajaba con los demás en Contad… Además se refiere a un momento concreto de la historia reciente de España, cuando el gobierno de Zapatero se sentó a hablar con ETA. Y tanta concreción no tiene nada que ver con el tono del libro. Es evidente que sobra. 

En otro orden de cosas, estoy barajando algo que os atañe a todos los que estáis leyendo esto, que seréis con suerte una o dos personas. Igual me arrepiento después de proponerlo, pero estoy dispuesto a apostar fuerte. Seguid atentos, porque os puede interesar. 



Todavía me quedan tres punzones

He modificado Encéfalo de boj, lo he mejorado en lo posible para que merezca entrar con sus compañeros en Contad…

Lo he colocado en el sitio de la cuarta navaja (Soneto XXX, La suerte de no ver telediarios, demasiado malo para publicarlo aquí y en ninguna parte). Casualmente ese XXX es uno de los lugares más pornográficos de cualquier listado con números romanos.

La pega del invento es que me doy cuenta de que necesito una reestructuración completa de la segunda parte del libro (sonetos XXVI a L). Digamos que si quiero que mantener un hilo conductor, en el momento que cambias uno por otro con el que no contabas, se te trastoca todo el orden de al menos la parte del libro en la que se encuentra la pieza díscola. Es como si en una novela de repente añades la muerte de uno de los personajes en mitad de la historia y todo lo escrito después pierde sentido, y lo tienes que reescribir y reestructurar de nuevo, cambiar capítulos al menos de orden, determinar qué hacer con lo que no te sirve o en realidad si es reaprovechable en cierta medida. Ya sabéis, lo que viene siendo una gran putada.

Al meter Madre no noté tanto este desorden, pero ahora empieza a necesitarlo. Todos los que tengáis la prueba 5, mejor que esperéis a la prueba 6.

Por suerte no tengo problemas. He decidido tomarme esto con toda la calma del mundo, respirar hondo, practicar Reiki, coger el calzador y hacerlos entrar uno a uno en su lugar, aunque tenga que estar jugando al cubo de Rubik hasta Nochevieja.

Seguiré informando.

27 de noviembre de 2010

Cuatro navajas

Una nueva reescritura me ha valido para rellenar el hueco XLIV. El soneto Ni dudas, ni traspiés, ni sacramentos puede ser salvado de la quema después de desbarbarlo de todo lo que parecía ser pueril, ripioso y prescindible. 


Si algo estoy aprendiendo últimamente con todo esto de organizar mi poemario es que toda obra se puede mejorar siempre. Lo que ayer escribiste y te pareció fantástico, hoy no es más que un bodrio, y con dos toques o una reforma completa le das el aire que más se acomoda a tus gustos actuales y que casa mejor con la supuesta calidad que ahora te arrogas o pretendes alcanzar. 


Es una ley universal inevitable, como la gravitación: en cualquier actividad, cuanto más aprendes, mejor te salen las cosas. 


Dudas y traspiés era así

Siempre hay quienes se salen de su tiesto
y creen saber con sólo una mirada
que el mundo siempre es cuestión zanjada 
y el seso ajeno, líquido en un cesto. 

Ya Sócrates predijo atisbo de esto,
y aún hay quien, apurando la frenada,
perjura no saber nada de nada
y cuelga Su Verdad en fuste inhiesto.

Anciano no es aquel que sabe todo,
sino aquel que comprende que en el lodo
del saber no hay seguros fundamentos.

El joven que se observe en esta rima
entienda que el saber nunca escatima
ni dudas ni traspiés ni sacramentos.

La cuestión era salvar los tercetos, que creo válidos y acertados. Sin embargo los cuartetos adolecían en ciertos momentos de una puerilidad insostenible. Y cuando el más pueril es el primer verso, ya puedes mandarlo a la mierda. Por tanto, cambié el primer verso y casi todo el segundo cuarteto, hasta que quedó así




Siempre hay quienes ignoran lo dispuesto
y creen saber con sólo una mirada
que el mundo siempre es cuestión zanjada
y el seso ajeno líquido en un cesto.

Ya veis que al garañón le sobra arresto
y aún hay quien, apurando la frenada,
perjura no saber nada de nada
mientras vuelve a mear fuera del tiesto.

Anciano no es aquel que sabe todo,
sino aquel que comprende que en el lodo
del saber no hay seguros fundamentos.

El joven que se observe en esta rima
entienda que el saber nunca escatima
ni dudas ni traspiés ni sacramentos.


Ya queda menos para llenar todos los agujeros de Contad… ¿Qué os va pareciendo? ¿Acierto?


Me quedan cinco dagas

Cuando comencé a recopilar sonetos y seleccionarlos para Contad…, descarté una serie de poemas que, aunque estaban en la línea que quería seguir, formaban parte de un grupúsculo aparte, tenían cierto hilo conductor en su origen. Los dejé de lado por el momento, y ahora me he abalanzado como un buitre a ver qué podía sacar al descongelar el cadáver. Y me he encontrado con que el grupúsculo no tenía ningún sentido, y sí tal vez valían la pena algunos de los sonetos que lo conformaban.


No es que no me hubiesen servido desde el principio, simplemente los aparté a un lado porque pensaba que con otros tendría bastante para alcanzar los cien que necesitaba para Contad… Son sonetos absolutamente independientes (sólo agrupados por un origen difuso) y no fueron los únicos apartados (mi próximo libro, 100 sonetos de amor). Sí van a ser estos no obstante los primeros a los que voy a meter mano en esta especie de apuro, que tampoco lo es tanto. 


De momento, tengo claro que uno de estos sonetos sustituirá al que ocupaba la posición XXIX, Encéfalo de boj, que decía que

La rótula tenaz del testarudo
compromete los pasos de sus piernas
a cruzar el umbral de las poternas
que no abriría un tipo más sesudo.

La imprudente muñeca del tozudo
se empeña en ayuntar ciertas mancuernas
con manos que la duda vuelve tiernas
al no saber soltar después el nudo.

Es el nervio procaz del obstinado
un dédalo de fatuas obsesiones
del que no usa salir muy bien parado.

El hombre del encéfalo de boj
hará por detener las estaciones
arrancando las pilas al reloj. 

Descarto este soneto por sus rimas ripiosas (poternas, mancuernas, dios santo…). Seguramente no me costaría hacer tábula rasa y reescribir los cuartetos, pero de momento voy a descartarlo completamente. Los tercetos creo que son aceptables. Una pena. 

El poema que ocupará el lugar de este descarte se llama Madre, y forma parte del grupúsculo que os comentaba. Es un canto a la tierra, sumido en la esperanza de que los hombres seamos capaces de volver a estadios de civilización de los que nunca debimos salir, o al menos que aprendamos a proyectar dichos estadios con sostenibilidad. Es perfecto para la segunda parte de Contad… en la que hago referencia a temas que atañen a todos los hombres, a situaciones vitales, a tipologías humanas, filosofía, etc. y no tanto a mí mismo. 

Evidentemente, no voy a publicar Madre aquí. Tendréis que descargaros gratis Contad si son catorce cuando esté en Bubok y leerlo allí. Espero que sea para antes de navidad. 


Seis espadas

Después de sentarme gran parte de la tarde de ayer viernes con todo el montón del desbroce de Contad si son catorce, creo que ya sólo me quedan seis espadas. 


He estudiado en profundidad, si eso era posible en mayor medida, el soneto Al reloj y su elemento, me he sincerado conmigo mismo, he buscado sus puntos débiles, que tampoco resultaron ser tantos, y le he dado la vuelta al calcetín. Algunos diréis que os gustaba más la otra versión, pero el libro es mío y me lo follo cuando quiero, aunque me deje los huevos en la alambrada. 


Espero que este fin de semana, si mis obligaciones familiares no me lo impiden, la prueba 6 de Contad… vea la luz antes del domingo a la hora de la cena. Va a ser un finde movidito, así que estad atentos los que estéis interesados en observar un proceso creativo en directo. 


El soneto queda de este modo, ocupando la posición que ostentaba, la XXI, entre la centena que conforma el poemario. 


Al reloj y su elemento

Quise siempre saber, como las brujas,
del bebedizo y del medicamento,
por poder abarcar de un solo tiento
el ayer y el mañana en sus burbujas.

Quise siempre sacarme de las pujas
en mi lucha feroz con barlovento
por vencer al reloj y su elemento
virando el devenir de las agujas.

Quise escuchar sin cabo a las sirenas
mas no supe nadar a manos llenas
sin que tanto silencio me calara.

La bruja del tic tac venció un asalto
mas no sabe correr sobre el asfalto
sin librarse del peso de la tara.

Acepto, cómo no hacerlo, opiniones de todo tipo. Yo creo que se nota sensiblemente que el soneto ha mejorado con respecto al otro que había detrás de la alambrada. Eso sí, los tercetos han sido sacrificados y reescritos casi en su totalidad. La obviedad que tenían en la otra versión ha desaparecido. Ahora el lector tiene que poner más de su parte, pero el resultado es con seguridad más satisfactorio para ambas partes. 

Seguiré describiendo mi lucha con barlovento. 


PD: Bienvenida Anabel.


26 de noviembre de 2010

Mi libro está detrás de la alambrada

Esta es otra de las siete espinitas que tiene la alambrada que no me deja llegar hasta el buen puerto al que deseo llevar mi libro Contad… Se llama Al reloj y su elemento, ocupaba el puesto XXI en la centena y dice que

Quise siempre saber, como las brujas,
del bebedizo y del medicamento,
por poder abarcar de un solo tiento
el ayer y el mañana en sus burbujas.

Quise siempre sacarme de las pujas
en mi lucha feroz con barlovento
por vencer al reloj y su elemento
virando el devenir de las agujas.

Quise escuchar sin cabo a las sirenas
y perderme en los lindes de la feria
y cerrar tantos bares y verbenas,

que no vi corrupción en mi miseria,
ni vida desertando de mis venas,
ni muerte haciendo suya mi materia.


No creo que sea un mal soneto (si es que tengo alguno bueno), si bien hay un instante en los tercetos en que están a punto de chirriar como tiza por pizarra.


A pesar de ello, lo descarto de Contad si son catorce por todo lo anterior, sino porque me parece que no está en el tono de sus compañeros. Es tal vez demasiado moralista, tal vez demasiado pueril, tal vez demasiado pusilánime a pesar de sus ínfulas. 

Bueno, ¿y quién no es todo eso a veces?

¿Merecerá el indulto a última hora?


25 de noviembre de 2010

Amor a la vaticana

No hay mucho que decir. Leed el soneto y pinchad la foto de Ratzinger (columna de la derecha) para saber quién es este señor, qué ha hecho en su carrera eclesiástica, a quién le ha destruido la vida y de qué organismo católico era prefecto antes de convertirse en cabeza de la iglesia. A ver qué tarda alguien en contraatacar cuando lea que



Torquemada se ha ido a la farmacia
a por condones.
                            Era una parida
malgastar la vacuna contra el sida.
Sóngoro y yambambé a la clericracia.

¡Entes preservativos!
   La falacia
prenatal protegiendo cada vida
occidental, y tanta gente herida
de muerte.
                    No sé dónde está la gracia.

Torquemada se ha puesto su condón
y lo luce con santo desparpajo.
¿La humanidad?, resignada.
                                                   ¿Pasión?,

a fin de mes.
                        ¿Razones?, al carajo.
Pues ni ellos necesitan redención,
ni nosotros licencias de un pingajo.




PD: Bienvenidos David, Mª Dolores y Javier. Ya sois 11 seguidores. Un lujo.


PDPD: "Congregación para la Doctrina de la Fe… antiguo Santo Oficio". Me entran escalofríos cada vez que lo escucho en el vídeo de la derecha.



24 de noviembre de 2010

Sonetos como espadas

Siete sonetos, como siete espadas.


Tras la quinta revisión de mi libro de sonetos Contad si son catorce, he decidido que 7 poemas no merecen estar entre los escogidos para la obra. Meditado está y decidido. La cuestión es que ahora, en mi horizonte, aparecen varias opciones para darle solución al entuerto y completar la centena:

A) ¿Intento mejorar los sonetos y arreglarlos?


B) ¿Busco en el cajón de los recuerdos sonetos que ya descarté antes de comenzar para este libro?


C) ¿Escribo de la nada los siete sonetos que me faltan aunque eso me retrase en la confección y publicación de Contad?


Siete sonetos, como siete espadas.


¿Qué haríais vosotros? Yo me inclino más por completar el libro con sonetos nuevos de la misma calaña, pero claro, tendría que activar mis siete neuronas (ni una más), contar con tiempo para ambientarme siete veces y convocar a las siete musas. ¿Cuándo ocurrirá eso? ¿Cuánto falta para Navidad? (Próximamente, Cómprate una Navidad en Contad…)


Tampoco me costaría mucho echar un vistazo a los sonetos que barajé al principio para el libro pero que no encontraron su hueco. Umh… Es posible… ¿Qué opináis vosotros? ¿Compramos una merluza fresca o echamos mano del pescado congelado?


Siete sonetos, como siete espadas.


He aquí el soneto que ocupaba la posición LVII, uno de los condenados a galeras, que hablaba de la soledad del escritor a pesar de grupúsculos y organismos. Tal vez no lo considere apto de formar parte de Contad… porque ya no me encuentro tan sólo. Se llama Arcanos de Acuario en sus versos se expone que


Pocas veces hallé en otros placeres
como los que hay en mi propio muestrario,
que el saber es un acto solitario
aislado de tumultos y deberes. 

Participar con los demás no esperes
las alegrías del abecedario
ni los vedados arcanos de Acuario
suministrar entre hombres y mujeres. 

Es cierto que eché en falta camarillas
con las que compartir sabiduría
y llegar al hallazgo y sus orillas.

Ya no busca Jasón marinería
para quebrar los mares con las quillas
de una flota apodada maestría.

PD: Bienvenida efusiva a los nuevos seguidores de Contad…


23 de noviembre de 2010

Sonatina

Cultura vs. tedio. No sé si os pasa también a vosotros, pero creo que cada vez da más asco el circo -más que mundial- global que acompaña a la baguette precongelada. Y sólo nos faltaba la TDT, cuyas siglas podrían muy bien ser de cualquier opiáceo o de cualquier explosivo. 

Por suerte, tenemos senderos alternativos, cada cual los suyos, veredas que nos apartan de las auTVpistas, de la moda, de la mediocridad… Aquí cerca, en la columna de la derecha, están Maurice Ravel y Rubén Darío, esperando a que pinchéis en su foto para daros una bocanada entre tanto cláxon. Son sólo chispazos de belleza, pero valen por una redención. 

Es mucho mejor perderse por los senderos que seguir al rebaño. Ya no tengo dudas. Es imposible no sentirse regular tirando a mal cuando ves que 


La princesa del pueblo se ha operado
la nariz.
  (Ven a darme un cigarrillo,
Maurice).
                Han levantado un gran castillo
de arenas postmodernas.
                                        El ganado

sin sostén y un bufón crucificado
le afila a Parlanchina su colmillo
de mentir.
     (Ay, Rubén, saca el martillo,
no te dejes llover sobre mojado).

Tres tristes tigres y un jacarandá.
Hada madrina, ¿dónde estás?
                                                 Envía
un SMS al 2323.
     ¿Ya?

Tranquiiila, cómprate bisutería.
Cinco por cuatro. 
                             El share es el maná.
¡A ver, que la princesa no se ría!



PD: Comentad al menos lo raro que os parece este soneto. Prometo contestar. 


PDPD: Este soneto tampoco estará en el libro. Queda reservado para una recopilación futura. 


PDPDPD: Hay un nuevo fan de Contad. Diego, bienvenido. Me ha mostrado el camino del blog de Paul Caballero. No podéis perderos sus ilustraciones. Daría las manos por pintar así,  pero sin manos me iba a costar más aprender… En fin, entrar y flipad. 




22 de noviembre de 2010

Petás kuleta


Algunos pensaréis que es una locura (hoy se usa el término frikada) escribir un soneto como este. Y los más idiotas hablarán de poca vergüenza si al autor le da por publicarlo en su blog de sonetos (¿pero qué coño es eso de "sonetos"?). Ahora bien, después de lo que el hombre hizo en el siglo XX con las artes y las literaturas, este divertimento está más que justificado por eminencias como Nicolás Guillén o mi bienquisto don Gonzalo Torrente Ballester (a quien conoceréis mucho mejor por Los gozos y las sombras o su Crónica del rey pasmado). De la obra de este último, La saga/fuga de J.B. (Ed. Destino), extraigo este breve fragmento que explica, como yo no podría explicar mejor, el sentido de mi soneto y de gran parte de mi obra en prosa, que le debe mucho a la fórmula estética desarrollada por J(osé) B(astida), protagonista de la saga/fuga. Dice don Gonzalo en la mejor novela de la literatura española, durante una conversación entre Jose Bastida y Jacinto Barallobre:


“…Decidí que, en lo sucesivo, escribiría mis versos en un alfabeto con clave, pero lo pensé mejor y, como tenía mucho tiempo libre, inventé un idioma.” “¿Y no le da pena que su poesía no la pueda leer nadie?” “Eso es precisamente lo que busco.” (Fragmento completo).
La saga/fuga de J.B., Gonzalo Torrente Ballester.


Y mi soneto asegura que 


Tamar gujgú ligor, ¡cadón lemurra!,
liarsum colar lersé jokló prospetro:
tránsdico ugfar, lissom retré popletro
“agtim agnar aglet hijwó”, plansturra.

Narizló, pedlofar kigut tonsurra
extinjo cal petán retab culetro,
ígnom licoz, letorpemo dal fetro,
“rará sesé tití vovó”, buxurra.

Acalareta, domu mado enmoro.
Nafitobo lugura soligoro,
ferinabo fulgú, rodofaleta.

Rámot rotótago, tétano liso,
benvirut gasalabio darotiso,
malcaro ta, lirón, petás kuleta.


¿Alguno de vosotros no ve el contenido sexual implícito en este poema, sobre todo en los tercetos? Eso que os perdéis. 



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