4 de septiembre de 2011

Edén de plastilina

XXXVII
Tripulo sin motor por la neblina
pues apurar los cielos no pretendo
al juzgar esta raza que no entiendo
proscrita en un Edén de plastilina.

En el mundo creció un hambre canina
y ya sin la vergüenza por atuendo,
las almas se apaciguan resistiendo
los lances del sudor con cocaína.

Un santo paraíso es la ignorancia
y un sol abrasador la mala estrella
que aturde al duendecillo de la infancia.

En la piel corazón siempre hacen mella
la señal de la cruz de la abundancia
y el perpetuo aspirar de la plebeya.


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