13 de marzo de 2011

Un tren a cada andén

IV
No comprendo la bruma del desdén 
cuando aflora el rigor de cada invierno, 
que el sendero que brota del infierno 
se dispersa al llover sobre el Edén.

Es cierto que el vivir y su vaivén 
consiguen asestarnos desgobierno, 
mas sé que cada tiempo no es eterno 
y siempre llega un tren a cada andén. 

Disiente de invertirte a plazo fijo, 
que el barquero Caronte es un canijo 
aguardando al virar de las esquinas: 

no olvides alegrarte en el contento, 
tratando no morir de aburrimiento 
y llorando al clavarte las espinas.


  

5 comentarios:

El Cubo dijo...

No tengo claro si pretendes que nos rebelemos o que nos conformemos con nuestra forma de vida..., pero sin duda que me has hecho reflexionar.
Muy bueno, Raúl.

Raúl Campos dijo...

Disfrutar no es nunca conformarse. Creo que son complementarios ambos dentro de los límites de la cordura. Me alegro de que te haya gustado. El tema es claramente, otra vez más, el carpe diem, revelado en el primer terceto: no hagas planes a largo plazo, vive el momento porque te puedes ir al otro barrio en cualquier momento. Y luego explico lo que yo procuro hacer, aunque cueste dios y ayuda.

Gracias por el comentario.

Daniel HM dijo...

Sí, el carpe diem es leitmotiv, o al menos running-gag, de la obra poética del amigo Campos; acaso lo sea también de su actitud vital resultando reflejo inevitable de ésta en aquélla, inflamada por el verbo poético destilado soneto a soneto.

montse dijo...

Me gustó. A ver si me aplico el cuento.

Raúl Campos dijo...

Je, je… Hay otro tema recurrente en Contad si son catorce: la mediocridad y el éxito (y su carencia), y por supuesto la aceptación de ambas evidencias. Sobre todo hay que llorar, je, je… el que no llora no mama.

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