26 de agosto de 2011

Madre

XXVIII
Comprende la razón del avispado
que siempre habrá de amar la vera prima
que en su jergón resiembra y sobreanima
la savia sustanciosa del pecado.

Por los tallos de piedra subyugado,
que incólumes ascienden a su cima,
el linaje de Adán aún se arracima
y recuerda en un soplo lo olvidado.

De la madre que fuera acuchillada
sólo habrá de restar perdón y el llanto
de retoños que empuñan la alborada.

Aprendió el ruiseñor de nuevo el canto
y cumplió su palabra enamorada
hasta huir de las garras del espanto.


5 comentarios:

Simplementeyo dijo...

Precioso poema, y es una suerte que el ruiseñor aprendiera de nuevo a cantar.

Besos y sonrisas cantadas:-)

montse dijo...

Me quedo el segundo terceto.

Raúl Campos dijo...

Llegará un día en que no nos quedará otra opción que respetar el entorno. Nadie puede morder las mano que le da de comer eternamente.

montse dijo...

Bueno; supongo que deja de hacerlo cuando cae rendido de hambre....o cuando cae en la cuenta de que no es lícito seguir así. (final alternativo)

Raúl Campos dijo...

Ese final utópico en el que el agresor cae en la cuenta de su error es lo que yo propongo. Pero digamos que es una mala apuesta. Perderías dinero si apostaras a que vamos a dejar de estrujar este planeta.

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