10 de septiembre de 2011

Azar demiurgo


 

XLIII
Permítaseme hablar de la bonanza
que el orbe ronronea en su ventura,
mas también del suplicio y la amargura
que pueblan el jardín de la mudanza.

Permítanme creer sin esperanza
al azar demiurgo en la premura,
mas nunca al triste dios de la pavura
que el hombre instituyó a su semejanza.

El viejo Iehová hallará su tumba
a pesar de que el hombre no le incumba
y en contra de su espléndida inconsciencia.

Lo veremos morir cuando se tumbe
suspirando que el mundo no le incumbe
y expirando al arrullo de la ciencia.



2 comentarios:

Palabras como nubes dijo...

¿El hombre existe porque existe un dios o el dios existe porque existe el hombre? Voy por lo segundo. Excelente soneto.
(Admiro a quienes escriben en esta forma poética con tanta soltura, como si fuera fácil...)

J&R

Raúl Campos dijo...

El otro día le escuché a Punset que la crítica de la ciencia y la forma de entender el mundo que esta nos proporciona son de antes de ayer. Vamos, que la ciencia está en pañales. Lo que hemos tenido desde hace 7.000 años es el pensamiento axiomático dominado por los tiranos, siempre apoyados por las religiones y las castas sacerdotales.

Pero la era de acuario ha llegado. El hombre está cambiando. La ciencia no lo puede explicar todo. Aún.

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