11 de septiembre de 2011

Bienaventuranza


XLIV
Adquirí un corazón sin instrucciones
en un limbo que quiso ser mercado.
El tendero me dio un certificado
que rompí al levantarme los calzones.

Comenzaba el ataque de los clones
en la página web del agraviado
y el bum bum de mi núcleo inaugurado
me lleno de alegría los rincones.

Sí, ya sé que es muy ñoño este poema,
pero no puedo escapar a la añoranza
los días que me salvo de la quema.

Mi víscera es la bienaventuranza
de volver a medirme la apotema
y saber que la nada no la alcanza.


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