19 de septiembre de 2011

El salmón de la impaciencia

LI
Cuando el espíritu del viejo olivo 
me entregue el zapapico de mis sueños, 
comprenderé el grosor de mis empeños 
y tarde ya será para el cultivo. 

El sabio cazador persigue al chivo 
sabiendo que en los campos ribereños 
le aguardan los arrullos hogareños 
que jamás arrebujan al furtivo. 

Robará a mi sedal la displicencia 
el salto del salmón de la impaciencia 
que remonta la vida en el esfuerzo. 

Labraré en la llanura y en el monte 
los surcos que arranqué del horizonte 
que ensambla la constancia y el scherzo.

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