12 de septiembre de 2011

La tormenta


XLV
Te obliga la tormenta a reforzarte
en ti mismo como se fortifican
los muros del suburbio que salpican
las aguas que pretenden acabarte.

Te obliga esta tormenta a controlarte:
borrar a los que en lágrimas claudican
e ignorar las razones que te explican
sus fundamentos para acuchillarte.

Te obliga la tormenta en las mañanas
a subirte a ese bus del buenos días
y a tragar tu labor y tu tostada.

Te obliga la tormenta en las ventanas
a crecer y a entonar sus melodías
para darte una nueva madrugada.

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