16 de septiembre de 2011

Por detrás de las esquelas

XLVIII
La buena suerte que ayer no tuvimos 
se malvende a placer en cada esquina
pregonando su fiera hambre canina 
y ofreciendo los más tiernos racimos. 

De la vida ya nunca más supimos,
quedó sin retener en la retina, 
barrida por el dios que la asesina
mutilando la micra que crecimos. 

No hubo más que salir a ciertas calles 
a gruñir la congoja en las cancelas 
y a llorar las ruinas de Versalles. 

Más de uno, cobijado en las dovelas, 
olvidó que vivir son los detalles 
escritos por detrás de las esquelas.


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