27 de octubre de 2011

El agua que azuza mi sed

LXXI
Tántalo me designan viejos jueces
que rigen sin arbitrio en mis adentros;
tribunales dictando desencuentros
entre mi hambre, los ruidos y las nueces.

Me obligan a privarme de las creces
que mi hastío me otorga en sus encuentros,
dibujando cuadrados en los centros
de círculos viciosos de sandeces.

Maldigo, prisionero, a las feroces
sirenas que me apresan con su red
para luego privarme de sus voces.

Estaré entre mi espada y mi pared
si desciendo las cárcavas atroces
que esculpe el agua que azuza mi sed.


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