24 de octubre de 2011

El sol en que nacen los veranos

LXX
Dime, retocador de mis espejos,
por qué razones y con qué permiso
te atreves a robarme el paraíso,
y me tiras de mala fe tus tejos.

Dime tú, que me cercas desde lejos,
por qué recuerdos que el ayer no quiso
pretenden instalarse en este piso
y convertir mis años en añejos.

Háblame, esencia que ansiosa devoras
por igual primogénitos y hermanos,
de los soplos que son todas las horas.

Ya sé que en la vasija de tus manos
mi tiempo es ese niño que evaporas
con el sol en que nacen los veranos.

4 comentarios:

montse dijo...

Y el tiempo sigue siendo arena entre los dedos.... Bonito.

Raúl Campos dijo...

También se suele asimilar la vida a un vaso (cáliz de vida cristiano, el trago de la vida). El tiempo evapora la vida. Ay! qué dramáticos! je, je, je…

Sofía Serra Giráldez dijo...

Es de los más hermosos que te he leído, agarra el pellizco, una voz tremendamente lírica y sincera..no hay arenga, sólo el poeta, me encanta.
Un beso

Raúl Campos dijo...

Le tengo especial cariño a este soneto. Es como abrirse en canal.

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