1 de octubre de 2011

Romance del alquimista

Presiente que está acuñada 
la cara de la moneda
que funde el oro en el beso 
al brincar por la vereda. 

Por otro lado, su cruz 
le siembra de plomo y hierba 
mendigando en los suburbios 
respuestas a cada piedra.

El serpentín de las horas 
destila polvo de estrellas 
en matraces de Erlenmeyer
que almacenan sugerencias 
y virus al portador 
del cheque de la conciencia, 
mientras él, sólito y necio, 
no busca forjar mareas,
no pretende maravillas, 
ni calcula más quimeras
que el ansia de despejar 
descuidos a su pereza, 
razones a la discordia, 
incógnitas en la niebla. 

Abocado a una marmita 
un sabio se desespera 
cuando se ve reflejado 
en ocres de calavera.
Quiere comprar con palomas
un caro push up de hiedra. 
Repite su letanía 
de cutre mercadotecnia:
…la vida viste mentiras 
con costuras verdaderas, 
la muerte pinta de arrugas
las aes, las haches, las zetas, 
la fama vive en un risco 
y canta con las sirenas,
el tiempo es un violador 
que detesta la violencia…

Junto a las dudas que siempre 
le ponen contra las cuerdas, 
su pupitre de alquimista 
ha dejado en la cuneta. 
Resistió el paso de varias 
generaciones de guerra, 
pero no pudo afrontar 
los brincos de complacencia 
que daban sus pies desnudos 
sangrando por la vereda. 

2 comentarios:

Sofía Serra Giráldez dijo...

Pedazo de poema.
Conseguirás que termine admirándote, si es que no lo hago ya.
Besos

Raúl Campos dijo...

Gracias, Sofía. La admiración es mutua y una imagen vale más que mil palabras.

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