5 de diciembre de 2011

Códice sesenta

LXXXII
Mi pena está en el códice sesenta.
No es pena que sea grande por ingente,
más grande es por ser vieja y persistente:
perenne, biológica, violenta.

Es pena del acoso de una tienta
que añora la garrocha trascendente
de un tiempo que doblegue al impaciente
y aclare el cabalgar de la tormenta.

Antigua es esa voz de cien mil años
que avala que no cunden los redaños
en ese que ahora soy, y hubiera sido

otrora más valiente y más ufano
si aquel que iluminó tuviese mano
mi vida con fatal renglón torcido.

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