27 de noviembre de 2011

Juez de mi propia voluntad

LXXX
Hace tiempo no busco una verdad
arrumbada entre todas las verdades,
pues procuro dejar mis mocedades
en alas de mi eterna mocedad.

Seguro de que en toda mi bondad
hay un ínclito signo de maldades,
persisto en condenar mis voluntades
y ser juez de mi propia voluntad.

Preguntar es inútil a mi oráculo
ni saber puedo ya de mi futuro
si Cronos me aporrea con su báculo.

Siquiera en el olvido estoy seguro,
pues me ata al desconsuelo su tentáculo
indolente e inmune a mi conjuro.

2 comentarios:

Simplementeyo dijo...

Cuando se es juez de tu propia voluntad no puedes pedir daños a nadie.

Genial poema.

besitos y sonrisas juzgadas:-)

Raúl Campos dijo...

Tampoco permites que nadie te juzgue más de lo que tú ya lo haces.

Un saludo.

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