3 de diciembre de 2011

Miraré a la Tierra

No miraré al cielo para escribir este poema. 
Miraré a la tierra. 
Para escribir miraré al niño
con la cara sucia y agujeros en los calcetines. 
No miraré al cielo. 
Porque ese niño no está allí. 
Miraré a la tierra, 
allí donde no reverberen reflejos del cielo, 
y me encontraré con una tarea interminable
a la que sólo puedo contribuir con este poema insignificante. 
La tierra necesita de todos sus granos. 
No hay que mirar al cielo
para hacerse una idea cierta de la soledad
que se cierne sobre una multitud ausente, 
para saber que la tierra tiende siempre a la sequía, 
y para comprender que las gargantas saciadas
tienden a olvidar.
No miraré al cielo para escribir. 
Me miraré una vez más a mí mismo con los pies descalzos
—yo también tuve agujeros en los calcetines—
y me veré una vez más pequeño y poeta, 
incapaz de otra pugna y triste por ello, 
por no levantar la voz,
o por hacerlo sólo a medias, 
triste por la cobardía tenaza y tangible, 
por la parálisis ante todo 
instrumento que funcione sin tinta. 
Miraré a la tierra y escribiré hasta volver a ella, 
y ni siquiera entonces
miraré al cielo. 
Miraré a la tierra. 

2 comentarios:

Carmen dijo...

Me parece muy razonable tu poema. Muchas veces los poetas nos perdemos en lois sueños y miramos con demasiada frecuencia al cielo, cuando las verdadera ayuda la podemos prestas aquí en la tierra.
Un saludo.

Raúl Campos dijo...

Veo que mi poema es transparente, je, je, je… Sí, podemos hacer poco, pero poco ya es mucho.

Un saludo!

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