23 de febrero de 2011

Depósito legal y 1500 visitas al blog

No sabía que hoy fuera mi cumpleaños. Algo debe estar mal en mi partida de nacimiento y resulta que soy Ofiuco. En cualquier caso, Contad si son catorce ya tiene asignado un Depósito Legal y mi blog se acerca a las 1500 visitas. Comienza la cuenta atrás. Faltan 10 días para que Contad si son catorce salga a la calle.

19 de febrero de 2011

Cocktail #70


El sol en que nacen los veranos
Dime, retocador de mis espejos, 
por qué razones y con qué permiso
te atreves a robarme el paraíso,
y me tiras de mala fe tus tejos.

Dime tú, que me cercas desde lejos,
por qué recuerdos que el ayer no quiso
pretenden instalarse en este piso
y convertir mis años en añejos.

Háblame, esencia que ansiosa devoras
por igual primogénitos y hermanos,
de los soplos que son todas las horas.

Ya sé que en la vasija de tus manos
mi tiempo es ese niño que evaporas
con el sol en que nacen los veranos.

17 de febrero de 2011

Depósitos

Después de repasar todos los sonetos físicamente y cambiar cuatro tonterías, me he ido a pedir el Depósito Legal. Una señora muy amable se ha quedado mirando mi formulario M-1 debidamente cumplimentado y me ha dicho que a mí no me da el dichoso depósito, que el depósito se lo dará a mi impresor. Yo le he dicho que el impresor soy yo, que en casa tengo una impresora. Y ella me ha dicho que tiene que haber un impresor. Y yo le he dicho que no, que yo voy a imprimir cuatro libros y encuadernarlos en mi casa, como mucho colgar un pdf en mi web. Y me ha dicho que qué pone en la factura de mi editor, y yo le he contestado que de qué editor y qué factura me está hablando. Y ella me ha dicho que, como habré visto en internet, el depósito lo solicita el impresor en el caso de los libros. Y yo le he dicho que gracias a internet no necesito impresor para mi libro. Y ella me sale con que tiene que ser una imprenta de la Comunidad Valenciana, que si la imprenta es de Madrid tengo que pedir el depósito en Madrid. Y entonces yo le he preguntado si somos ella y yo del mismo país, del mismo planeta, vamos, o ha pasado algo desde ayer que no ha salido en las noticias. Y ella me ha vuelto con que el depósito lo solicita el impresor. Y yo le he dicho que me estaba obligando a incumplir la ley. En fin, hemos entrado en un bucle del que he intentado sin éxito sacarla diciéndole alto y claro que el mundo ha cambiado, como diría Álex de la Iglesia, que internet es el presente, que cualquier día de estos no nos hace falta ni siquiera burócratas, que no harán falta ni la mitad de leyes estúpidas que tenemos ahora. Pero ella, erre que erre, impresores, facturas, editores, tiradas… Hay que joderse. Estos funcionarios cobran 2.000 eurazos al mes y todavía no saben lo que es un pdf.

He salido de aquel antro con cara de póker, rumiando mi indignación y mi venganza. He sacado cuentas y bubok, mi querido bubok, me proporcionará el depósito (al fin y al cabo es su obligación) por prácticamente el precio de los ejemplares que yo tenía que pedir para cumplir con la ley, además de los desplazamientos a Alicante para hacer el papeleo.

Por mis cojones que Contad… sale a la calle.

10 de febrero de 2011

Primer ejemplar: prueba de imprenta

Esta mañana me ha llamado un chico muy simpático de DHL para entregarme un paquete. Me ha dicho que no estoy en casa y le he contestado que ya lo sé. No tenían oficinas en mi ciudad para pasar a recoger el paquete, así que le he pedido que llame al 4º A, que seguro que están en casa, y se lo deje a mis vecinos. Cuando he llegado a mediodía he parado un piso más abajo y he recogido el paquete: la pegatina de bubok estaba pegada al cartón. Era el primer ejemplar de Contad si son catorce. Ha tardado seis días en llegar.

Es verdad, hace mucha ilusión. Supongo que esa ilusión se irá perdiendo conforme pasan las publicaciones, pero el primero, el primer libro, ese primer ejemplar en tus manos… ¡Maravilloso!

Había oído tantas historias sobre los libros de bubok y sus defectos de imprenta que me ha asaltado cierto pánico al abrir el paquete. Cuando me he decidido a cortar el precinto y he descubierto mi libro, lo primero que he pensado al verlo es que podrían cambiar de impresora, porque los colores de la portada les han salido feos de cojones. Ja, ja… Pero hasta ahí, porque por lo demás, quitando otros detalles sin importancia que solucionaré (para eso son las pruebas de imprenta), considero que el libro está bastante bien. El ajuste, todo lo bien que permiten hoy en día las máquinas digitales. El papel, normal, offset de 80 g., suficiente. La encuadernación, pues la portada un poco de lado, pero vamos, que me vale. El interior, perfecto, no me han bailado páginas, ni se han comido nada, ni hay manchas… En definitiva, un libro normal, 100 sonetos en 124 páginas, para pasar dos tardes y matar la curiosidad quien la tenga.

Después del subidón que produce encontrar que a tu primer ejemplar no le falta ningún miembro, que por fin lo tienes entre tus manos y parece de verdad, me ha asaltado un sentimiento con el que no había contado. Resulta que ya lo había leído: esperaba encontrarme con la sensación que tengo siempre al abrir el libro de otro, donde todo está por descubrir y comprender, y súbitamente me he dado cuenta de que no me apetecía leer de nuevo mis sonetos. Ha sido raro. Me he lanzado como un buitre a la carroña de los dos últimos sonetos que añadí en la últimas pruebas, sustituyendo a otros desechados finalmente, porque eran los que menos leídos tenía. Pero no ha sido lo mismo que abrir el libro de otro. Este es mi libro y ya lo tengo más que leído. Un libro propio es distinto.

Tras dejar pasar la tarde para asimilar ese desencanto con respecto al contenido de mi libro (tal vez lo he revisado demasiado), me ha asaltado la idea de que los libros de uno no son para masturbarse, no son para dejarlos en un cajón o en una carpeta del escritorio, no son para divertirse escribiéndolos (al menos no solo para todo esto): los libros de uno no son para uno; los libros de uno son para los demás. No volveré a decir que escribo para mí, porque ahora sé que los libros son para salir a la calle en busca de lectores que sientan con el mío lo que yo al abrir el libro de otro.

7 de febrero de 2011

Cordón Policial

Informe, mi general:
                                    el desierto,
más árido que nunca, se soflama.
¡Telón internacional!
                                     Panorama
visto y no visto.
                           Ponle a cada muerto,

Mohammed, el estigma del liberto.
El Sahara sacude su histograma
de vergüenzas.
                          Recojan esta aljama,
chusma de erial.
                            Escándalo encubierto.

Tinduf está de luto.
                                     Fassi-Fihri
no es más que un puto guiri
paseando por las calles de El Aaiún.

Por cada ONU, un silencio.
                                                Abaníca-
les, siroco.
                    La sangre que salpica
Europa se levanta en el simún. 

PD: Es sorprendente como nos olvidamos de las cosas que ocurren si no salen en el telediario. 


PDPD: Ya tengo ISBN y ya he pedido en bubok un ejemplar impreso para comprobar que todo está correcto. Qué alegría!


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