30 de noviembre de 2011

La mano que me da misericordia

LXXXI
No sé quien trae la piel que llevo encima
ni puedo desmarcarme de la chanza
que ríe a mis espaldas la venganza
del cobarde que en mi alma se arracima.

Yo soy aquel patán que subestima
el puño turbador de la añoranza
y desprecia el hedor de la bonanza
buscando otra comarca y otro clima.

No pretendo ser juez de la discordia
que despacha en mi tienda el desacuerdo
en la vil transacción de la concordia.

Me deleito en mi carne cuando muerdo
la mano que me da misericordia
y evita que persista estando cuerdo.


27 de noviembre de 2011

Juez de mi propia voluntad

LXXX
Hace tiempo no busco una verdad
arrumbada entre todas las verdades,
pues procuro dejar mis mocedades
en alas de mi eterna mocedad.

Seguro de que en toda mi bondad
hay un ínclito signo de maldades,
persisto en condenar mis voluntades
y ser juez de mi propia voluntad.

Preguntar es inútil a mi oráculo
ni saber puedo ya de mi futuro
si Cronos me aporrea con su báculo.

Siquiera en el olvido estoy seguro,
pues me ata al desconsuelo su tentáculo
indolente e inmune a mi conjuro.

24 de noviembre de 2011

Entre plumas y entre rasos

LXXIX
De cabalgar están al descontento
hastiadas mis razones y mis pasos, 
pues mantuve entre plumas y entre rasos 
al rucio que debía darme aliento. 

Tan frágil y menguado es mi jumento 
que la espuela que clavo en los fracasos
atora mi renqueante marcapasos 
sin matar ni morir este tormento. 

Resurgir sin surgir es tan absurdo 
como ansiar una fama no tenida 
y traicionada en pos de la pereza. 

Rumiarse como el sabio es del palurdo 
la trágica mentira desabrida 
tras gozar de un chispazo de belleza.


21 de noviembre de 2011

Seguidillas

Con un mimo de flores
la primavera
se deshiela en canciones
y revoleras.
Silba que canta
la niña por el prado
que va a la casa. 

En cueros, el verano
fustiga el trigo; 
las guadañas cortaron 
los abanicos.
Anda que corre
la joven por la trocha
subiendo al monte. 

Cuando llega el otoño
roban sus hojas
los guardianes al lobo
y a las gaviotas.
Sube que baja
la esposa por el valle
entre montañas. 

A la chita callando 
rompe el invierno
con su lívido manto
vidas y vientos. 
Ríe que llora
la vieja por la senda
hacia la gloria.


19 de noviembre de 2011

Tersites soy, mi rey

LXXVIII
Frente a Ilios elevo nueve años 
ya mis ojos llorosos y añorantes 
de la isla que asedios aberrantes 
sepultaron con céfiros huraños. 

Sus murallas traslucen los antaños 
que alegres fueron y ahora lacerantes 
escupen en mi rostro sus desplantes 
a estos tiempos que tengo por extraños. 

Maldito Agamenón, que me retienes, 
colmado en tus riquezas expoliadas 
al sudor que brotaba de mis sienes. 

Tersites soy, mi rey, y tus celadas 
no podrán cercenar la voz de quienes 
anhelan regresar a sus moradas. 

16 de noviembre de 2011

Migajas de la gloria

LXXVII
No sabe un servidor cuán decidida 
es la blanca avalancha de la historia, 
ni las vueltas que damos en la noria 
de la suerte brutal y consentida. 

No entiende las dobleces de la vida 
este mortal con ataques de euforia 
cuando algunas migajas de la gloria 
le llegan de la tierra prometida.

Se quiere corrector del calendario 
y químico que abata todo miedo 
con píldoras de flor de abecedario. 

No sabe que existir es como el ruedo 
donde el astado es carne de sicario 
y el hombre, carne de pecado y credo.


13 de noviembre de 2011

Abril que no vuelves

Big Bang. 
      Ya está aquí el invierno
y en los bolsillos su nieve,
pues sobre mojado llueve
y salpica sueño eterno. 
No es tanto un vientre materno, 
más bien zulo cavernario,
el morro de don Acuario 
que va robando pitanza
a quien quiere hacer mudanza
de este mundo hereditario. 

Vuelve abril
que no vuelves. 

No me mientas, garañón,
porque calado te tengo: 
tú escupes rancio abolengo
y yo carne de cañón.
Intento de violación
de un pepino a un polícía: 
¿¡habrá mayor tontería!?,
grita el pueblo soberano
mientras vota a otro tirano
experto en lobotomía. 

Vuelve abril
que no vuelves. 

Siete ascetas pendencieros, 
ecónomos del erial,
se han pasado al inmortal
gremio de los cabilderos. 
Como hacen los gondoleros,
bueno es remar mientras canta
la Polis de nueva planta,
para llegar más bien lejos
en el recreo de espejos
de esta farsa sacrosanta.

PS: Este poema no pertenece a Contad si son catorce
Pasó por el concurso sin pena ni gloria.

11 de noviembre de 2011

Un Sancho enquijotado

LXXVI
No hallarás más que un Sancho enquijotado 
trucando el contador que cuantifica 
los litros de idiotez que en su barrica 
añeja con fruición de empecinado. 

Ayunando de carne y de pecado 
el árbol de la ciencia fructifica
y escoge el sinsabor de rebotica 
el vate que no sale hasta el mercado. 

En esta soporífera comuna 
sobramos dos docenas de poetas:
cuenta dará de nosotros la hambruna. 

Mientras tanto escarbemos en las grietas 
por las que el cuerdo le aúlla a la luna 
y añoran a su gente los ascetas.


8 de noviembre de 2011

Bailar con las más feas

LXXV
Descubriré el sosiego en la desdicha 
y una boya en mi mar de pesadumbre, 
ahorraré soledades en la cumbre 
y tiradas de dados a mi dicha. 

Buscaré la ventura ya predicha 
en el dulce crisol de podredumbre 
que arranca frigorías a mi lumbre 
y en nevarme las sienes se encapricha. 

No me ufano de cabras amalteas 
si levanto mi rostro al plenilunio 
inhalando el vaivén de las mareas. 

No me cumplo en el vals de cada junio 
si me toca bailar con las más feas
en el pulcro salón del infortunio. 

6 de noviembre de 2011

Líder de mediocres


LXXIV
El líder de mediocres toma el té, 
cierto de casi nada y casi todo. 
Escribió sus palabras en el lodo 
y el culo le limpió el papel cuché. 

Me dijo que ha perdido ya la fe 
en triunfar como triunfan a su modo 
los lerdos que al girar cualquier recodo
se encuentran una estrella sin porqué. 

Tristeza es lo que siente y que le invade, 
tristeza de saberse tan vulgar, 
que no guarda el jubón por más que nade. 

Ni las olas del viento ni del mar 
consienten a la angustia que se apiade 
ni de su corazón ni su cantar.

3 de noviembre de 2011

En la cumbre más alta y más lejana

LXXIII
Buscas el tiempo hundido en los relojes
y no adviertes que el tiempo está en tus manos;
maquinas liquidar a tus enanos
y por ello ni siembras ni recoges.


Pareces no ser tú cuando te escoges
superior frente a todos tus hermanos,
y tampoco eres tú cuando entre humanos
ni te ves, ni te sientes, ni te acoges.


Si consigues bajarte de tu nube
tal vez avance todo con más brío
y dejes para hoy lo de mañana.


Termina de rumiar cómo se sube
y arrebújate bien, por si hace frío
en la cumbre más alta y más lejana.



1 de noviembre de 2011

Adalid de la utopía

LXXII
Persisto en mi esencial guerra de Troya
—¡qué barata se vende la estulticia!—
por viajar al espejo con Alicia
y quedarme en la nave cuando escolla.

Del retozo que parto con Idoia
sólo gano el tanteo si se inicia
con el flirt del plebeyo y la patricia
y acaba cuando el tiempo nos arrolla.

No quiero asegurarme que es bajeza
consagrar mi existencia a la belleza
y aprenderme el papel de la alegría.

El fin del mundo dura una semana
y siempre queda el día de mañana
para ser adalid de la utopía.
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