17 de febrero de 2012

El desierto que guardo en la despensa

XCV
Nunca fui mayorista en el mercado, 
ni hablé como rector de municipios, 
mas pongo a cada verbo participios 
que amparen al versículo estampado. 

De tanto cavilar se me ha extraviado 
la cuenta de finales y principios,
del coito de los versos y los ripios 
sólo queda un cuaderno mal grapado. 

Como al linotipista, di mi letra
al desierto que guardo en la despensa, 
y a la noche, con lágrimas de tinta. 

Mi tiempo de impresor se cronometra 
cuando llora la Musa de mi prensa 
y el soneto nefando me repinta.

2 comentarios:

Sofía Serra Giráldez dijo...

:)
Llego tras estar visitando un yacimiento de arte rupestre, online, claro, e inevitablemente comparo al hilo de la preocupación que tantas veces nos reseca, y que bien refleja tu soneto: a aquellos nuestros antepasados les perseguía exactamente lo mismo, dejar la huella, con la intención de lo que fuera, es lo de menos.
El que he estado viendo está formado por relieves incisos en la piedra, es al aire libre. He recordado al leerte esos otros yacimientos donde las figuras se pintan..dentro de las cuevas...claro, para que no se borraran, cuando sentían necesidad de hacerlo al aire libre tenían que mover más músculo: tallar la piedra.
Hoy cada día movemos menos para "grafiar", hasta las impresoras funcionan casi sin palancas, y no digamos ya en este medio. Vamos hacia una desaparición del rastro, lo que en principio tampoco lo considero algo perjudicial...pero cualquiera sabe a esta velocidad si el punto de inflexión llega tan pronto que no encuentra recorrido por delante. Ese es mi "miedo".
Los desiertos suelen conservar mejor, ¿no?

:), no te me escandalices por este comentario tan raro, tu soneto ha llegado en el momento oportuno.
Un beso

Raúl Campos dijo...

Te respondo con una canción canción de Drexler:

Toda la gloria es nada, toda vida es sagrada.

Copia y pega : )

http://www.youtube.com/watch?v=e3DC5HhLuGo

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