1 de febrero de 2012

Todos los días son mi último día

XCIII
Todos los días son mi último día 
y todas las horas disfruto y clamo 
al tiempo, que indulgente su marchamo 
me desgrava en concepto de alegría. 

Cada minuto aumento mi osadía,
derrapo en cada curva y cada tramo, 
por poblar de graznidos mi reclamo 
y tentar al señor de mi porfía.

No permito jamás que venza el sueño. 
Si me afano en labrar mi abecedario,
los relojes atraso con empeño. 

Mis hojas no se caen del calendario, 
mientras llega o no llega el halagüeño
futuro, divirtiéndome a diario.

2 comentarios:

Carmen dijo...

Muy interesante poema .
Así debe ser vivir cada día como si realmente fuese el último. Yo soy de tu opinión al completo.
Ya llegará el futuro cuando quiera, pero lo que unicamente poseemos es el presente.
¡Felicidades!

Raúl Campos dijo...

Bueno, no lo considero de los mejores sonetos de Contad, pero reconozco que le tengo cariño. Más que una filosofía de vida, es como un objetivo o una declaración de intenciones, porque no siempre puedes vivir el presente.

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