29 de febrero de 2012

Si pudiera nacer

XCVI
Si pudiera nacer otra mañana 
elegiría alzarme en testaferro 
de todos los arrestos que de hierro 
quisieran deslizarse en mi ventana. 

Si pudiera nacer de esta inhumana 
existencia y bajarme de este cerro
sabría desasirme de mi yerro 
y volver a ser yo sin mi desgana. 

Sabría preservarme de la guerra 
que libran hoy por hoy en esta tierra 
cada dios, cada líder, cada hermano. 

Sabría descuidar mis desatinos 
y no jugar mis cartas a los chinos 
ni soñar con un mundo más humano. 

25 de febrero de 2012

Fado del Galeote




Condenado. Vencido junto al remo, 
expláyase el galeote, almidonado
en un cuello sin voz, rezando un fado
que busca despertar a Polifemo.

No me ocultan los vómitos del cielo
la espesura de grillos que me alcanza.
Ahí está la vergüenza que nos danza,
vertiendo pubertad en su pañuelo.

La cofa libertaria busca escollos
y tiende a traficar con las sirenas
que sueñan con jugar a ser ballenas
penetrando, esponjosas, los arroyos.

Vendré a purificar siempre mis naves
en brasas-subterfugio (mal agüero)
donde tiemble el riñón del mundo entero
y forje Satanás sus propias llaves.



21 de febrero de 2012

El sueño de la niña blanca (II)

Por un agujero entre la rocas cálidas contemplé una escena especial. Una niña blanca andaba descalza sobre las ascuas de la tierra, describiendo círculos, encendiendo llamas azules, de azufre, en cada huella que abandonaba detrás. Se iba acercando al lugar desde donde yo miraba como por una cerradura y tuve miedo de romper su danza. Algo me cogió por los hombros y me elevó hasta una nube grisazul de atardecer. Veía la silueta de los montes en el horizonte. Subía y bajaba, desde aquellas nubes a las copas de los pinos, atado a un hilo vibrante. De repente me solté y caí a un lago. El espejo gélido se rompió con mi cuerpo. Todo a mí alrededor era hielo, nieve o vapor, el vapor de algo que se encrudece con el ambiente. Me quité los pesados grilletes de ropa que tenía pegados al cuerpo y, desnudo, intenté llegar hasta la orilla. Sobre la nieve, el frío era más intenso. El dolor no me permitía sentir alegría, pero tampoco sentía tristeza.

17 de febrero de 2012

El desierto que guardo en la despensa

XCV
Nunca fui mayorista en el mercado, 
ni hablé como rector de municipios, 
mas pongo a cada verbo participios 
que amparen al versículo estampado. 

De tanto cavilar se me ha extraviado 
la cuenta de finales y principios,
del coito de los versos y los ripios 
sólo queda un cuaderno mal grapado. 

Como al linotipista, di mi letra
al desierto que guardo en la despensa, 
y a la noche, con lágrimas de tinta. 

Mi tiempo de impresor se cronometra 
cuando llora la Musa de mi prensa 
y el soneto nefando me repinta.

13 de febrero de 2012

En equilibrio

XCIV
Como en otoño quedan los alisos 
inestable ha de quedar mi pensamiento, 
inútil, aburrido y macilento, 
gangrenado por malvas y narcisos. 

¿Qué será de mis actos indecisos?
¿Qué sentiré con mi sentido hambriento?
¿No seré el destructor que sobre el viento 
cabalga junto a Apolo y Dionisos?

En equilibrio estoy porque deseo 
tensar mi cable de funambulista 
con el inútil tensor de mis manos. 

En equilibrio estoy y si me apeo 
de mi labor de amanuense alquimista,
seguirán engordando mis enanos.


9 de febrero de 2012

El Sueño de la niña blanca (I)

Estaba en la calle de una ciudad que no conocía. Iba dentro de un coche que nadie conducía, como si fuese un ser vivo, como si fuese un árbol o una célula. Todo pasaba rápido, despacio, continuamente a intervalos... Las luces de las farolas y los semáforos parecían aureolas de santos y de mártires, al verlas a través del frío empañado. El asfalto estaba húmedo, como las aceras y los jardines, tan húmedos que los charcos parecían mares congelados, todo de hielo, incluso los tramos más secos. A veces oía algunos requiebros absurdos e irónicos, pero no sabía a quien se los dirigían las sombras que lloraban por las calles, por las aceras, en las plazas. Entonces me di cuenta de que el coche no era tal: ahora era un caballo blanco con alas en las grupas y un asta en la frente. Volaba a dos palmos del cielo y a dos palmos del suelo, a través de la bruma, hasta que las gotas de aguanieve empezaron a calar la seda del animal legendario. Sus crines se perdían en mechones sucios. Su magia se desvaneció y dejó de volar, como si la lluvia hubiese aplastado sus alas. Su cuerno espiral se convirtió en hiedra que crecía con rapidez. Pronto las raíces se aferraron al barro del asfalto, y el caballo fue absorbido, y yo con él, hasta un lugar extraño. Cualquiera diría que aquello eran los infiernos. Era una visión lejana, como en un cine inmenso, entre la humareda de tabaco y el sopor de los asistentes a la sala.


5 de febrero de 2012

Rosa de Jericó

Aprehéndeme. Es mi aroma la salmuera 
fetiche de la más tierna agonía, 
la fragancia de agreste montería 
en que soy y eres víctima y montera. 

Advierte que al pasar por la gatera
me explayo y me resurjo como el día 
al filo del rocío de apatía 
que me unta en espesura y primavera.

Te ofrezco mi rosa de Jericó.
No pidas que retoñe en el secano 
quién nunca consintió ser flor y nata. 

Esta rosa verás que es tú y es yo 
si la escurre el invierno pretoriano 
y la engorda el solaz que no la mata. 

Presentado al XXXII concurso Bubok, poesía erótica, sin demasiado éxito. Tal vez me faltó algo de erotismo : ) 

1 de febrero de 2012

Todos los días son mi último día

XCIII
Todos los días son mi último día 
y todas las horas disfruto y clamo 
al tiempo, que indulgente su marchamo 
me desgrava en concepto de alegría. 

Cada minuto aumento mi osadía,
derrapo en cada curva y cada tramo, 
por poblar de graznidos mi reclamo 
y tentar al señor de mi porfía.

No permito jamás que venza el sueño. 
Si me afano en labrar mi abecedario,
los relojes atraso con empeño. 

Mis hojas no se caen del calendario, 
mientras llega o no llega el halagüeño
futuro, divirtiéndome a diario.
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