28 de marzo de 2012

Contad si son catorce

C
Contad si son catorce las tristezas 
lavando por las calles de la aurora 
el vicio que en virtud se decolora 
y la rabia turbada de bellezas. 

Contad si son catorce mis flaquezas 
que el tiempo en las galeras no mejora 
y escupen su verdad en mala hora 
a un ojo en carne viva de torpezas. 

Contad si son catorce las mentiras 
que conté en los puñados de mis versos 
y rompí en el cristal con que me miras. 

Contad si son catorce los perversos 
pensamientos que ardieron en las piras 
donde nacen discretos universos. 


22 de marzo de 2012

El sueño de la niña blanca (IV)

Subí a uno de esos troncos empapados, tras nadar en el agua esta vez cálida, y los anfibios de los troncos vecinos se mofaban de mi desnudez, pero yo no tenía vergüenza. Llegando a la desembocadura, algo no tuvo sentido, ya que no era un mar el que absorbía el agua, sino un desierto infinito. Entonces advertí que el río en el que navegaba no era de cristal, sino de arena, de polvo amarillo, de medias lunas nómadas que viajan incansables rompiendo los esquemas del tiempo y la distancia. Era de playa sin mar, sin olas, sin espuma, bajo un sol inconcreto, extraviado, sin rumbo firme y sin un horizonte en el que ponerse.

19 de marzo de 2012

La piedra que canta en los Avernos

XCIX
En tres por cuatro la vida me danza 
y la risa se burla en su minueto 
si no logro pulir ningún cuarteto 
que cincele mi lírica añoranza.

En tres por dos la muerte que me alcanza 
recita su balada y su decreto 
si no logro pulsar en mi soneto 
los biseles que arromen mi templanza. 

En si bemol menor mi sonatina 
desciende al más febril de los infiernos 
inquiriendo un rondó que se termina. 

Ad libitum se esculpen los más tiernos 
silencios, sin batuta ni escofina, 
en la piedra que canta en los Avernos. 


16 de marzo de 2012

De mi cenit tu nadir

Colmado de este amor en minoría,
midiendo en siglos hambre a mis tormentos,
me hastío de arrastrar mis pensamientos
en pos de esta espectral algarabía.

Tu afecto es la preciada mercancía
en que halla mi sudor sus alimentos,
dejando a mi razón sin argumentos
y dando a mi idiotez sabiduría.

Sombría ociosidad todo me envuelve
si el críptico acertijo se resuelve
en soplos de pasión desangelada.

No sé que rostro ostenta el porvenir 
cuando hago de mi cenit tu nadir
en la esfera infecunda de la nada.

(Presentado al XXXIV concurso bubok de poesía, sin éxito alguno. El tema era el amor. Igual no había amor en mis palabras, como en Rosa de Jericó no había erotismo)

14 de marzo de 2012

Sembrando Social Media, mi nuevo blog

No es este el mejor lugar para promocionar mi nuevo blog en Tumblr, porque no tiene nada que ver con la Literatura, o al menos no directamente. Sin embargo, me veo obligado a compartirlo también con vosotros, que estáis ahí cada vez que salta un soneto a la red.



En este blog que hace ya algunas semanas que llevo en marcha, hablo de los Medios Sociales, de las redes, de internet, de novedades que surgen, herramientas online que pruebo, cosas que pasan, conceptos remasterizados que nos trae la red…

Espero que los que estéis interesados en estos temas del 2.0 le echéis un vistazo de cuando en cuando.

12 de marzo de 2012

El rescoldo de mi pira

XCVIII
Vuelve a ser mi semblante el que me mira.
Adivino en el cielo cada infierno 
si mis huellas regresan del Averno 
a avalar con candor cada mentira. 

Hoy es mi desnudez la que se estira 
para ver de alejarse del invierno, 
sin pensar que la muerte sopla el cuerno 
que protege el rescoldo de mi pira. 

No osará despertarme cada nube 
que en contactos de amor no se diluya 
y se siembre en favor de mis semillas, 

pues el tiempo es mayor si más se sube 
el alma fascinada que chamulla 
engarzar a su cima maravillas. 

8 de marzo de 2012

El sueño de la niña blanca (III)

El bosque era extraño, y los árboles no eran árboles, sino inmensas mesas y sillas verdes, como mesetas disueltas en el llano. Trepé por uno de los cuatro tallos de uno de aquellos pupitres colosales y llegué a un solar de hojas tiernas, secas, verdes, pálidas, pero todas tan consistentes que no me permitían pisar en falso. Mi eterna e ineludible curiosidad me empujó hasta el borde de la tabla vegetal. Cerré los ojos y salté al vacío negro. Caí... y al caer veía miles de palomas blancas, una detrás de otra que, como serpentinas, brotaban de las paredes de aquel pozo de oscuridad. Recibí un leve golpe, al descender sobre un montón de heno, en el fondo, como una hoja al viento. Todo allí era gris. Empecé a andar entre muros sin salida, sin vanos, hechos de ladrillos grises, con tierra gris y techo gris, girando en esquinas grises y vacilando en encrucijadas grises. Era un laberinto. Jamás hubiera encontrado una salida, pero la luz incandescente de una hoguera me guiaba. Buscando el resplandor, llegué por fin a una sala, y en el centro estaba la niña blanca, descalza sobre una bandeja de fuego. Empezó a elevarse y atravesó el techo. Yo corrí, y empecé a flotar, y la seguía, y la seguía, aunque al poco me quedé atrás y la perdía de vista. Permanecí mirando al cielo, a las estrellas: todas parecían reírse de mí, pero yo, en el sueño, no lo comprendía y seguía mirándolas, absorto, pensativo. Escuché cerca un murmullo, como el transcurrir del tiempo. Sí, era un río que se abría a mis pies entre juncos espigados. Pasaban troncos flotando, con tritones y salamandras, y los nenúfares, disfrazados de ancianas, bailaban a la luz clara de la luna llena.

3 de marzo de 2012

Las tristezas de los míos

XCVII
No puedo recordar cómo he logrado 
asumir las tristezas de los míos, 
las penurias que helaron los estíos, 
las calumnias complejas del pasado. 

Ahora sé que mi amor hubiera dado 
más amor si el mayor de los navíos 
hubiera salpicado más bajíos 
con restos de lo mucho naufragado.

Volverá más dolor para mi gente, 
ya vendrán las secuelas del presente 
a taparnos las bocas un segundo, 

pues no podrá el albur apabullante 
afanarle sonrisa al caminante 
que arrecia su delicia por el mundo.


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